lunes, 6 de octubre de 2008

... Carta al Mayor de los Carrasquedo...

Como Sabines preparo el corazón. Como él, le escribo a mi viejo en mis tiempos, los míos  jóvenes, los de él ya viejos. Preparo todo para hablarle a mi viejo, hablarme a mi por mi viejo, hablarle a todos por mi viejo.

 

I

Mi largo y mas eterno anciano. Mi más extraño amor. El hombre que más caro le ha salido a la familia.

Te nos vas anciano viejo, y nada podemos hacer para que no sea así. Le rogamos a San Judas, al Santo Niño, a la Soledad, a Guadalupe y a Juquila, a San José y al Señor del Rayo, A Dios Padre, a las Ánimas Benditas y a todo el coro celestial para que no te vayas. Pero están dormidos. Tu los dormiste. Se quieren dormir contigo. Te los llevas viejo.

Nada podemos hacer para que no sea así. Te nos vas viejo santo.

Eres de una familia vieja, y viejo, te nos vas. Tanto caminaste, tanto construiste y ahora todo se destruye  contigo. Los Carrasquedo lloramos, sufrimos pero nunca perdonamos. No nos enseñaste a eso Viejo largo. Te nos vas, y no te perdonamos. Siempre recordaremos que nos dejaste, que te fuiste y solos, solitos nos dejaste. No te perdonamos viejo.

Viejo, y mil veces viejo, Fleuri, fuiste grande desde el principio, desde niño siendo el más pequeño fuiste el más grande de todos los tuyos. Ni Pancha. Ni Ricardo. Tu fuiste el Mayor de todos los Carrasquedo.

Anciano fuerte. Nunca me pareciste viejo hasta que te vi hace semanas, enfermo, todos los años se te fueron encima y no pudiste más que hacerlos notar. Tus setenta y tantos se te fueron encima, mi viejo. Y después en una cama. Viejo, ¡¡Tu en una cama!! envejeciste y llegaste hasta la muerte.

Largo, mi más largo viejo. La vista era con mucha luz. Un pasillo largo como tu vida, largo como tu muerte, eso era lo que vimos. Todos los Carrasquedo estábamos. Vimos ese pasillo. Largo y blanco como tu muerte.

Te nos vas viejo chulo. Y ¿que haremos nosotros sin ti? ¿qué hará la vieja? ¡Nada! anciano de todos los años, nada podremos hacer sino sobrevivirte y pensar en que la abuela quizá te siga. Demonios!! los que aman se van en par.

Te vi acostado en tu hamaca, esperando algo, la muerte quizá, o la vida tal vez. Pero esperabas anciano. Esperabas que todos tus pecadas fueran olvidados. Que a los que lastimaste te olvidaran. Pero no Fleuri, ellos no olvidan. Te vi acostado. Y pensé que algo esperabas. Pero quizá yo y todos éramos los que esperábamos.

¡¡¡Ay, Mi Viejo!!! Te falto tiempo y a mi me sobraron palabras. Porque no te fuiste hace 20 años, cuando nada de esto sabría. Porque no te fuiste ayer o por lo menos espera diez años. Pero no ahora. Ahora me dueles señor. Me dueles mucho. No te vayas Viejo, no ahora.

Ahora es cuando todos dejaremos las mascaras mi anciano. Quizá está sea tu última travesura. Los Carrasquedo no somos buena gente. Lucharemos y buscaremos culpables, porque siempre hay culpables, y nunca lo serás tu. Mientes por última vez. Queremos que nos mientas. Tu no fuiste. Fue otro.

Mi viejo gordo. Te vi delgado y no quise que fueras tu. Te vi sin color sin fuerza sin insulto y nada de eso eras tu. El ¡pendejo! no suena ya igual sin tu boca. La lengua ha perdido a uno de sus más grandes expositores. Javier Fleuri no te calles. Hablame que sin ti soy uno más.

Creo que tenemos hambre de ti. Una oscura sensación de complacencia recorre tu cama, hay deseos que entran en tu garganta agujerada, hay mentiras que tus ojos ya no pueden ver. Te rodeas de tu vida, y ella te lleva a la muerte. Acaso tus hijos, mi querido viejo, tienen tanta hambre de ti que morirte les falta.

Te festejamos viejo. Porque así te volviste patriarca de una Familia que no te amó sino hasta que te volviste, viejo. Viejo fuiste bueno y viejo te volviste patriarca. Sólo así te ganaste a todos por hechos y no por herencia. Fuiste bueno a pesar de tu sangre, bueno a pesar de tu pasado, bueno a pesar de tu familia, bueno a pesar de ti. Mi viejo, eres bueno. Al fin.

Todos lloramos que estés en una cama. Fumamos como nunca y solos nos vamos a nuestros rincones a llorarte, solos. Porque el llanto es algo muy privado, muy de uno. Fleuri. Tus hijos te lloran y te fuman. Quieren que te vayas en una bocanada, en una lágrima. Te nos vas anciano, y en estos, nuestros días más largos queremos que te quedes para siempre con nosotros.

Así será aunque te vayas. Así será aunque te enterremos con tierra pesada y nada pueda salir, porque te enterraremos, bajo tierra y piedra, bajo millones de lágrimas y millones de lamentos. ¡¡Carrasquedo!! Te enterramos para que no salgas, con toneladas de flores y de cariños. Nadie saldrá de ahí. Ni un Carrasquedo.

Te quedaras con nosotros. Encerrado en nuestras mentes, serás un recuerdo de cada uno de nosotros, desde el que aún no nace hasta de aquel que te sigue de cerca. Ahí, Fleuri, ahí te quedarás. Con nosotros. Hasta que nosotros muramos y alguien más nos encierre, como a ti, en un recuerdo eterno.

Morimos Fleuri, morimos, y tu te nos vas primero. Espéranos Fleuri, que ya te queremos alcanzar. Espéranos que si te nos vas, nosotros no podremos no seguirte. Espera Carrasquedo. Espera a los otros como tu. A tus hijos y nietos que como tu. Ya de viejos serán buenos.

lunes, 29 de septiembre de 2008

A Pedro...

Contarte mi verdad quiero, la verdad del tiempo ya muerto y del tiempo aún no vivo. Y te la cuento a ti con más dificultad porque me es extraño contarle a un igual.

Diferente somos cierto es, fue lo primero que descubrimos al conocernos, conocernos que fue fácil, ahora suena fácil, pero llevo tiempo, mucho y parece que sólo este año es el que recuerdo, y mayor el recuerdo es pues este año mejor nos conocimos, nos vimos como realmente somos: débiles.

Difícil es para mi recordar antes, es eclipsado por la luces de esperanza, verdad y orgullo de este año.

Recordemos pues, juntos lo pasado en este tiempo.

Se podría decir que el año, nuestro año, comenzó en ese encuentro fortuito, ese día en el que era alcohol, donde me encontraste destrozado, vomitando rencor y sangre coagulada; donde te conté mi carga. Conociste antes que nadie mi derrota más larga, mi herida por el  arcángel.

Listo para aceptarlo no estaba y me escudé en el alcohol, los dos ya lo sabíamos, los dos nos callamos. Tú, no sé por qué, respeto, miedo o indiferencia. Yo, yo por precaución, no estaba listo para una derrota nueva.

El tiempo pasó, la verdad no podía ser vista todavía, sería hasta que sanara, sané. No te lo dije hasta tiempo después, mis 18 fueron la fecha, ya lo sabíamos, pero de mi boca sobria no había salido, tuvo que salir.

Ese día también me doliste, mi boca fue dura, mi boca escupió la verdad cruda, veneno parecía y tú lloraste sangre. Como nunca te había visto te vi, humano me pareciste, demasiado. Decepcionado estaba por tu beligerante fuerza ya derrotada, mi inocencia maldita triste te hacía.

Reclamos recuerdo haber recibido, tus reclamos. Pero yo no era culpable, todos, nosotros cuatro, debimos ser condenados, malditos éramos ya todos.

De ahí de derrota gloriosa en derrota gloriosa te vi, perdías y no lo quisiste notar, no podías notarlo, caíste en una prisión armada por tus pasiones. Ni tu soberbia te salvó, seguías igual. Inteligente ya no eras, triste observaba tu camino, lo sabía todo, títeres parecían...Al que nunca pensé manejar, manejado lo tuve. Nunca creo yo lo supiste.

Contigo las platicas pocas fueron, pero suficientes para crecer y conocernos. Admiro tu franqueza y tu falta de tacto, masculino te celebraba, solo al igual te celebraba. Un error que aprendí a querer te encontré: tanto hablabas, tanto berreabas y ladrabas y al final nada hacías, oculto estás, necesitado de algo está. Lo sé pues lo reconozco en mí. Vez, no tan diferentes somos.

Sabes que mucho veneno sale de mi boca, sabes que contigo no puedo, no eres fácil, bastante bien me conoces, mejor que ellas; contigo no sirven las mascaras. Pero al igual sabes que bien te conozco y que al igual conmigo no sirven las mascaras. Perro no come perro.

Por eso nos llevamos también, porque como dijiste alguna vez "me gusta que me peguen" al igual que a ti. Te quiero por eso, por ser mi conciencia franca, mi brillante oscuro.

No sé si te parezca que te escriba, no sé si estás de acuerdo con lo dicho; a veces la verdad pesa, y mucho. Al igual tú me pesas. Tu recuerdo me pesa, siento que algo te falta, algo no he dicho, no sé que podrá ser. Algo oscuro se vislumbra. ¡No! no lo es tanto, es sólo la brillantes de la verdad.

Verdad incómoda, verdad engañada, verdad olvidada, esa no será escrita, no tiene porque. O ¿si?

Pensemos, busquemos qué es lo que tenemos. Esa amistad y ese cariño no dicho. Contaremos siempre con nosotros, yo con tu ironía y tu masculinidad, tu con mi frialdad y egoísmo. Pero todo se va cuando cervezas hay en la mesa. Somos nosotros y somos libres. Contigo contaré siempre y tu contarás conmigo, trascendemos eso, llegamos a más, llegamos a todo lo no dicho.

Situación extraña es la mía, pues dos de mis amores se aman con pasión. No es extraña, difícil  es.

¡¡Todo lo sé!!

Sus secretos me cuentas, su verdad escondida del otro me dicen sin ser mentira real. Actos ciegos me cuentas, sordo he sido entonces. Todo se vuelve negro. La actitud impúdica se vuelve en mis oídos, en mis ojos la verdad se transforma en puta y vende su cuerpo al mejor postor.

Ciego, sordo y estúpido por ti y por ella me vuelvo. A los que amo, a esos en lo que odio me hacen convertirme, me odio amándolos. Nada te reclamo, más bien suplico, suplicas de razón compartida te pido. Comprende lo sucedido. Perdóname por lo hecho, excúsame por lo no hecho, no me culpes, no me condenes, no tu.  Mi propia conciencia me condena, mi penitencia son ustedes.

Perdón te pido, no sabrás por qué, sólo perdóname y no me condenes, no ahora, no por eso.

Dudas te devoran ahora, ¡¡mátalas!! Ellas no existen, no deben existir, no ahora... pero y si así es, sobrellévalas, no te mataran... Asesínalas tú, cometelas con desdén y en un futuro las vomitarás, y la verdad en ellas escondida por fin verás.

Me resta... tu me restas.

Extraño tu lengua ponzoñosa, tu palabra fuerte, tu sarcasmo golpeante y tu ironía hiriente. Todo eso que es tu amor  disfrazado. Lo sé. Yo también me disfrazo.

Cuídalas. Te necesitan.

 

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Miércoles 22 de Octubre del 2003.

00:47 horas.

domingo, 7 de septiembre de 2008

A Daniela I

Pequeña mujer. Mujer de enorme voluntad, de pocas ganas pero de sobrada voluntad; ¿Acaso nuestro destino nos unió para hacernos más grandes de lo que ya éramos? ¿Acaso las Moiras nos unieron para que trocáramos en aprendices de sabios? ¿Acaso los dioses fueron complacientes con nosotros?

La realidad nos muestra que sí, que los astros se conjugaron para que una tarde como cualquier tarde nosotros dos, tu y yo, cada uno por su lado llegara a un lugar perdido en los rededores de CU. Fue un bar de mala muerte donde extrañamente comenzamos a hablar. Fue con cerveza en mano que nuestros brazos se abrieron y nos abrazamos para nunca más soltarnos. Te tengo en los brazos, y soltarte no quiero.

Años atrás. No sé cuántos, no importa cuántos. Ahora estamos y eso es lo que importa.

Tanto nos hemos platicado, tantas cosas nos hemos dicho, y no pocas hemos intuido. Mi querida amiga, eres un dulce que ya sabe su contenido pero que se rehúsa a probarse. No pocas noches de platicas nocturnas hemos charlado y terminas aceptando cosas que ya sabías pero que te negabas a aceptar. Te niegas en muchas cosas. Te caes negándote.

Y que se caiga el mundo si tú te caes. Pero te caes y te sigues cayendo. No te cansas. Eres eterna en tu angustia, en tu incertidumbre de no saber, de no querer saber qué es lo que pasa. Triste situación cuando todo ya sabes. Te conoces tan bien. Te conozco también. Y muy bien. Mi amiga. Mi "danone".

Esto que escribo no se agota contigo, no se agota ahora ni mañana cuando vuelvas a leer esto. Se agotará cuando ya no importe, cuando ya nada valga. Entonces. Pero ahora no. Lo que escribo sigue y sigue, esta no será la única. Será la continuadora de miles de frases de miles de ideas que muchas noches atrás nos contamos, nos confesamos.

He llorado y carcajeado contigo. He llorado y me he carcajeado, de ti, contigo, de todos. Pero siempre fiel a la verdad, nada te he ocultado, y tú tampoco, espero. Leyéndote te conocí. Y así te he de conocer más. Así te enterarás de mi muerte y así nos despediremos.

Las personas de letras, viven en las letras. A ti te guardo en un libro de Sabines. Ahí te tengo y ahí charlas con él y con otros. Te tengo con Sor Juana y con Pita. Con Márquez y con Baudelaire. Eres compañera de Platón y discutes con Patricio.

No me dejas. Platico contigo siempre. Te tengo en la cabeza. Eres una voz que no me deja. No quiero dejarte. Tú no quieres dejarme.

Explótate reina, siéntete, emociónate, vívete. Y que todos mueran en tu explosión. Que todos sintamos que algo cambió. Que alguien renació.

Entrégate a la profundidad, a lo eterno, con Dios y con el diablo. Y luego escríbeme una carta. Antes no. No deseo perder mi tiempo.